La Universalidad del Arte Naif


La pintura es color  y algo más, decía Chateaubriand, queriendo resaltar la importancia de lo primero. El arte naïf es, por encima de todo, alegre color y bullicioso dibujo primitivo, para que entre la exuberancia del contento vital en las retinas y en el corazón de quien lo contempla.


La Galería Éboli ha convocado de nuevo a arrebato de una Fiesta Naïf con lo más selecto y granado de los autores europeos del ramo. En Madrid, nuevas obras de los grandes nombres del arte naïf del Viejo Continente. Una miscelánea de pinturas y esculturas bellas e ingenuistas, que vienen desde Finlandia, Suecia, Dinamarca o Turquía, hasta la mismísima capital de España, pasando por piezas sobresalientes de Polonia, Rumanía, Holanda, Suiza, Alemania, Bélgica, Francia, Italia…

Los artistas de Europa se dan cita gozosa en Madrid, en la llamada musical de una pintora naïve, Amalia Fernández de Córdova, quien, como un nuevo flautista Hamelín, convoca a los mejores intérpretes del naïf como género artístico gozoso, que surgió, en sentido estricto, a finales del XIX y principios del XX,  con una de las vanguardias, y que llegó para quedarse en el circuito general del Arte. 

Cincuenta artistas naïf, la crema de la crema en su género, exponen su obra gozosa de casas, bibliotecas, calles, parques, estatuas, iglesias, bodas, tiendas y almacenes, cervecerías, pueblitos nevados, ciudades, bosques, paisajes nevados, músicos cantores, violinistas que vuelan, bailarinas, funambulistas, personajes literarios como Don Quijote, monjas espadachines… No hay límites para el repertorio iconográfico de estos pintores y escultores que mostrarán sus obras durante tres meses para regocijo de coleccionistas y público visitante en Madrid.

Es la vida cotidiana, radiante e ilusoria del arte naïf, con nombres señeros como Juan Guerra, Gracia Risueño, Tito Lucaveche, Inés Arias, Evaristo Navarrete, Carmen Cordelles o Amalia Fernández de Córdova, por parte española –no se puede citar a todos-  y, por parte del resto del continente resuenan nombres señeros como los de Olaf Ulbrich, Carol Perret, Silvie Marcel, Christian Lloverás, Charlotte Lachapelle, Anne Marie Boussalet, Alessandra Placuchi, Ada Breedveld o Aimo Natajaien.

“El arte tiene sus orígenes en los museos etnográficos y en las habitaciones de los niños de nuestras propias casas”, señaló con ingenio Paul Klee en 1912. Para contemplar el arte naïf ha que tener mirada y corazón de niño, para dejarse llevar por la ilusión y la fantasía, para entrar de lleno en la complicidad del artista y disfrutar su mundo de colores brillantes, de igual manera que él o ella, intérpretes del arte, lo hicieron pintando o esculpiendo.

Un arte de espontaneidad y sencillez, lleno de gracia y bondad. Tocado por arcángeles y elaborado por ángeles. Una epifanía de luz que estalla en mil destellos. Un arte natural que nos habla de nosotros mismos, aunque no se exprese en términos de lo real, porque viene de muy lejos y quiere ir más allá de lo cotidiano. 

Un arte que refleja el mundo de sueños y anhelos de los artistas, que nos hacen partícipe en cada una de sus obras. Todos seguimos buscando la Arcadia feliz o el paraíso perdido; es muy probable que lo encontremos en la visión ilusionística de un cuadro o una escultura naïf en la galería Éboli.


Amalia Fernández de Córdova nos convoca a la Fiesta del Naïf.


Julia Sáez-Angulo
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte AECA/Spain


 

THE UNIVERSALITY OF NAIF ART

The lyrical and mythical gesture that surrounds every naïf painting is undoubtedly what it's most appreciated by those people who feel happy when contemplating works that by their sincerity and creative imagination offer a vision, deep and full of meanings, the renewed spectacle of the world in which life of the mortals develops. The magic of colour and forms is linked to the direct and naïf way of representing landscapes and the human figure, to the way of composing on the surface of the pictorial support different scenes and animated panoramas, object of the attention of the gaze and creative imagination. The art naïf is dominated in a special way by the landscapes, be they rural or urban. There are also some extraordinary scenes of the circus, theatres in the fair barracks, merry-go-rounds, roller coasters and legendary evocations of daily life in the past. Panoramic views of fields and forests, rivers, bridges, farmland, orchards and other rural areas, marinas with boats, harbours with lighthouses and cranes or general views of populous cities with its avenues, squares and streets, compact constructions and imposing monuments or humble houses of peripheral neighbourhoods and airplanes and dirigibles in the sky, are recurrent motifs for this type of painting. The register is like bounded and belongs to the representation of the wonderful reality through the prism and mentality of one whom, according to certain ways of painting, delves into his peculiar way of seeing the world.

 

Usually modern naïf art is born from an optimistic and happy view of human existence. Unlike the primitive one, the feeling of the terrible and the horror of the sublime is now seldom touched. Natural or historical catastrophes, earthquakes, floods, volcanic eruptions, wars and fires are hardly ever represented. The artists are not attracted by the hecatombs or at least they elude them. Subjects are always scenes worthy of being captured and remembered. Paintings, like postcards sent by travellers to their loved ones, are admired memories or a way of sharing with the receiver ones something valuable for being seen and enjoyed the contemplation.

The aesthetic pleasure provided in our days by naïf painting belongs to the changes of taste of the Contemporary Age. From Romanticism the "sublime of ordinary life," as Shendhal said, or the delights of everyday and popular acquired an increasingly important place thanks to criticism and the theory of art. In France the Epinal Images, of anonymous production, shop signs and billboards of handicraft workshops, as well as votive offering at popular shrines, portraits or prints of miraculous saints or naïve scenes of devotion, attracted the attention of naïf artists. The creation in 1848 of a Free Salon without a jury and the Hall of the Rejected ("refusés") in 1863, culminated in the opening of the Salon of Independent Artists, which, without selectors or rewards, cleared the way to the artists called "Sunday’s", the self-taught and naïve, some of them like the famous Henri Rousseau, the Customs.

ANTONIO BONET CORREA

Professor Emeritus and Honorific Director of the

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando