El Tiempo Recobrado

La adolescencia e infancia es para casi todos nosotros un mundo misterioso y mágico, a veces terrible, a veces amable, donde éramos príncipe y princesas en un reino desconocido, que no comprendíamos totalmente, con leyes distintas, indescifrables…

Un país donde todo era posible, no siempre feliz, pero siempre único, inolvidable. Lo importante no es que no lo supiéramos entender racionalmente, lo importante es que siempre lo entendíamos con el corazón, y, en ese nivel, el que está más allá de la razón, navegando por mares desconocidos, encontrábamos unas imágenes que no hemos olvidado.

Cuando un creador, un artista, un pintor, un poeta,…no importa, se enfrenta a ese reino, nos transmite una reelaboración de ese mundo personal perdido y así nos enfrentamos con la eterna búsqueda del niño que fuimos, quizás es la forma de reconciliarse con ese yo profundo que teníamos olvidado, transformándolo en un lugar de armonía y luz. El mundo como debería ser, como debería haber sido, y esa transformación se transmite a todo lo que nos rodea, ya no importa que en el jardín duerman los tigres, que las sirenas naveguen en el barco, y los marineros las esperen en el puerto, que los árboles se llenen de linternas,…

Creo que por eso el arte naif conecta con el espectador, su visión del mundo es sincera, personal,…nos cuentan sus propias historias, que, en lo profundo, son también nuestras. Lo hacen como si dejarán fluir su mano libremente, no se trata de una representación objetiva del mundo, sino una mirada íntima, con un lenguaje pictórico directo. La riqueza detallista no es un alarde técnico, sino una forma de conectar con ese mundo secreto, que está ahí para desvelárnoslo.

Nos llega tan profundamente al corazón porque en nosotros, los espectadores, también sigue viviendo ese niño, a veces nos olvidamos de él, pero sigue ahí, esperándonos…y, de pronto, ¡qué maravilla! nos lo encontramos en imágenes llegadas de casi toda Europa, como las que ahora nos ofrece la Galería Éboli.

Carmen Hernández Escudé

Licenciada en Filología Hispánica

 

The Time Recovered

Teen stage and childhood are, for almost all of us, a mysterious and magical world, sometimes terrible, sometimes nice, where we were prince and princesses in an unknown kingdom, which we did not fully understand, with different and crabbed laws...

A land where everything was possible, not always happy, but always unique, unforgettable. The important thing is not that we did not know how to understand with our mind, the important thing is that we always understood it with our heart, and, at that level beyond the reason, sailing through unknown seas; we found some images that we have not forgotten.

When a creator, an artist, a painter, a poet ... any of them faces that kingdom, it transmits a reworking of this lost personal world and so we are faced to the eternal search of the child we were, maybe it is the way to reconcile with that deep “our self” that we had forgotten by transforming it into a place of light and harmony. The world as it should be, as it should have been, and that transformation is transmitted to everything around us, it does not matter that tigers sleep in the garden, sirens sail on a ship while sailors wait for them in the port, that trees are filled with lanterns...

I think this is the reason why naive art connects with the viewer; through that sincere and personal vision of the world ... they tell us their own stories, which, deep down, are also ours. They do it as if they will let their hands flow freely; it is not an objective representation of the world, but an intimate look, with a direct pictorial language. The richness of the detail is not a technical boast, but a way to connect with that secret world, which is there to be revealed to us.

It touch us so deeply into our heart because that child is still living in us, the viewers, sometimes we forget him, but he is there, waiting for us ... and, suddenly, what a wonder! We find it in the pictures of paintings arrived from almost all of Europe, like those that the Eboli Gallery now offers to us.

Carmen Hernández Escudé

Degree in Hispanic Philology